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Agencia de Inteligencia del Gobierno de Chile envió mercenarios para desestabilizar proceso democrático en Bolivia

Unidad de Comunicación
 
Hace 42 años, el 11 de septiembre de 1973, el exgeneral Augusto Pinochet ensangrentó al pueblo chileno con el golpe de Estado, que buscaba acabar con la experiencia socialista de Salvador Allende. El dictador estuvo en el poder entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990. El saldo de este régimen fue: 28. 259 víctimas de prisión política y tortura, 2.298 ejecutados y 1.209 detenidos desaparecidos, según la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación de ese país.
 

El golpe de Pinochet contó con la colaboración de las tres Fuerzas Armadas de esa nación y Carabineros. Pero además, del Gobierno de Estados Unidos. Una serie de documentos desclasificados de la Casa Blanca publicados en 2009 revelaron que Nixon, durante su gestión, ofreció dinero y ayuda discreta al dictador brasileño Emilio Garrastazu Médici para influir a las fuerzas armadas chilenas con el fin de derrocar a Allende.

A nivel político, el nuevo régimen se caracterizó por un modelo autoritario, establecido sobre principios de la extrema derecha: anticomunismo, prohibición legal de partidos políticos,  limitación de la libertad de expresión, la disolución del Congreso Nacional y la carencia de democracia.  En lo económico, significó un cambio de orientación del papel del Estado de un rol productor e interventor, a uno de tipo subsidiario, inspirado en las doctrinas neoliberales, según autores como Osvaldo Larrañaga y Daniel Schteingart.

El régimen de Pinochet no solo sembró terror en su país, sino que también extendió ese método a los países vecinos como Bolivia, como parte de la denominada “Operación Cóndor”, o “Sistema Cóndor”, un sistema de organización de regímenes militares para perseguir a los militantes o simpatizantes de los partidos de izquierda.

Según el libro Espionaje y Servicios secretos en Bolivia y el Cono Sur del periodista Gerardo Irusta, Stefano de la Chiaie y Pier Luigui, conocidos espías italianos, se infiltraron en las esferas militares bolivianas como asesores de los servicios de inteligencia militar. Ambos trabajaron para la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) de Chile, desde la década de los 70 del siglo pasado.

Chiaie y Pagliai eran espías y agentes a sueldo de la DINA de Chile, que era uno de los eslabones más fuertes del Plan Cóndor. Existen demasiados testimonios de que esos dos italianos han desarrollado actividades de espionaje, a favor de Chile, tanto en la Argentina como en el Perú.

La presencia de asesores argentinos y de estos dos agentes italianos que trabajaron para el régimen pinochetista, “son elementos suficientes para presumir que detrás del golpe del 17 de julio de 1980, se encontraba aún aleteando el Sistema Cóndor que no se resignaba a morir”.

Irusta aporta datos en ese sentido. El 3 de mayo de 1976 el Sistema Cóndor boliviano informa al Sistema Cóndor de chile, mediante el telex SIE Nro 222/76 sobre la organización del Servicio de Inteligencia del Estado. Por entonces, el sistema boliviano se denominaba Cóndor 2 y el de Chile Cóndor 3. Eran comunicaciones regulares que hacían conocer el estado de la organización.

Es posible pensar, inclusive, dice Irusta, que el robo de los originales de los diarios del Che y de su lugar teniente Pombo, nada menos que de la caja fuerte del Departamento Segundo de Inteligencia Militar, ha sido, sino bien obra directa, por lo menos de la “inspiración” o el “asesoramiento” de uno de estos italianos, que trabajaban para la DINA de Chile.

 


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