MINISTERIO DE TRABAJO, EMPLEO Y PREVISIÓN SOCIAL


  

El pan de Todos Santos sirvió para resistir al golpe de Natusch Busch

Unidad de Comunicación
 
El golpe sangriento protagonizado por el entonces coronel Alberto Natusch Busch, el 1 de noviembre de 1979, fue resistido por los vecinos de las zonas populares gracias a que tenían en su mesa los panes y frutas preparados para la Fiesta de los Difuntos y porque hicieron uso de las barricadas en varios puntos de la ciudad de La Paz.
 
La asonada militar comenzó en  la madrugada del 1 de noviembre de 1979, en la que además de los allegados a Natusch se sumaron los dirigentes del MNR, entre ellos Guillermo Bedregal. El coronel  Arturo Doria Medina dirigió el convoy de los cuarteles Tarapacá e Ingavi y durante una semana causó estragos. Como saldo doloroso se identificaron 76 asesinatos, 204 heridos y decenas de desaparecidos, según un informe de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos.
Mientras tanto, el Presidente de la República Wálter Guevara y su gabinete resistió la asonada desde la clandestinidad y jugó un papel importante la denuncia internacional que efectuó su entonces Ministra de Informaciones Ana María Romero de Campero (+).
La Central Obrera Boliviana (COB), presidida por Juan Lechín Oquendo, y la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), dirigida por Genaro Flores, declararon paro indefinido y bloqueo de caminos en las carreteras. A causa de esta medida, los mercados cerraron sus puertas y no había alimento que comprar en la ciudad de La Paz.
Los vecinos resistieron los 17 días del paro con pan de Todos Santos en los barrios de Munaypata, Alto Tejar, Cancha Tejar, Cementerio, Villa Victoria, Garita de Lima, y en las viviendas ubicadas sobre la avenida Entre Ríos y por la populosa Avenida Buenos Aires.
En el barrio de Alto Tejar, ubicado muy cerca de la Parroquia El Salvador, cada día las amas de casa se comunicaban entre ellas para ratificar la resistencia al golpe y a quienes no tenían pan les proporcionaban el único alimento que consumieron esos días; otras pedían prestado una taza de azúcar para endulzar su café o la  “sultana”.
Ese año, las “tantawawas”, sarnitas, empanaditas, escaleras de pan, caballos de pan y demás figuritas destinadas al pago de las oraciones de los ocasionales “resiris” se convirtieron en el alimento principal de todas las familias durante los 17 días que duró la resistencia al golpe.
No fue casual que esos barrios resistieran estoicamente el golpe de Estado protagonizado por el coronel Natusch Busch, pues en las laderas de Alto Tejar vivían trabajadores municipales y fabriles, cuyos dirigentes sindicales guiaron la resistencia cumpliendo el mandato de la COB.
De día se propagaba la información sobre el avance de la resistencia, y por la noche los vecinos salían a las avenidas Uta Pulpera y Entre Ríos, donde colocaban troncos de eucaliptos para evitar el avance de los tanques y caimanes (carros militares), que durante el toque de queda patrullaban esas zonas.
En el centro de la ciudad, la protesta también se generalizó. En El Prado, cientos de universitarios organizaron barricadas contra los militares. Después de 17 días, el coronel Alberto Natusch Busch  renunció cercado por la protesta popular y el rechazo internacional.
 


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