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"Hay que volver a leer al Lenin del trabajo comunitario" invita el Vicepresidente García

Unidad de Comunicación
 
Con una invitación a los jóvenes para que lean al Lenin, autocrítico de conceptos como el “comunismo de guerra” y del “estatismo”, el vicepresidente Álvaro García Linera participó en la presentación del libro Nº 14 de la Biblioteca Laboral del Ministerio de Trabajo, junto al titular de esta cartera de Estado, Gonzalo Trigoso; y el director general de Asuntos Sindicales, Miguel Pinto.
 
El acto se realizó la noche de este viernes en el auditorio del Banco Central de Bolivia (BCB) con la presencia de más de 500 personas, cada una de las cuales recibió al final del acto un ejemplar del libro en cuestión. 
El mismo ministro Trigoso y otros servidores públicos de esta dependencia estatal entregaron libros a las personas que no pudieron ingresar al auditorio del BCB por falta de espacio y que permanecieron afuera durante el desarrollo del acto. 
El libro Nº 14 contiene las obras “El Estado y la Revolución”, del ruso Vladimir Lenin; y “Democracia, Estado, Nación”, de García Linera. 
El Vicepresidente reiteró que pese a la caída del muro de Berlín, en 1989, la profusa obra del intelectual y jefe de los bolcheviques aún mantiene plena vigencia y ayuda a comprender por qué la economía estatizada no es precisamente el socialismo por el que luchan los revolucionarios. 

Volver a leer a Lenin
“Hay que volver a leer mejor (…) —expresó el Vicepresidente— al Lenin de la autocrítica del comunismo de guerra, al Lenin del trabajo asociado, el trabajo comunitario. Creo que esa lectura va a ser mucho más importante para orientarnos en las siguientes décadas”.
Puntualizó que tras la victoria de la revolución de octubre de 1917, revolucionarios bolcheviques pensaron que con la estatización de la economía rusa y la implantación del “comunismo de guerra”, para hacer frente a la invasión de ejércitos de siete potencias extranjeras, ya se había conseguido el objetivo revolucionario de crear la primera sociedad socialista del planeta. 
Nada más errado, pues con el “comunismo de guerra”, por ejemplo, se pagó salarios por igual a obreros y burócratas estatales, y se estatizaron las fábricas y la producción agrícola. 
Pero estas medidas fueron contraproducentes en aquel momento. La producción se estancó y la administración pública se paralizó. Lo que hizo que Lenin propusiera la aplicación de la Nueva Política Económica (NPE) o capitalismo de Estado, que permitió la operación de fábricas con administración privada y de núcleos agropecuarios también privados. 
Sin embargo, el poder político se mantuvo en manos de los obreros, a través de los bolcheviques. 
Empresarios privados volvieron a administrar fábricas, pero bajo la supervisión de un comisario del pueblo. Con esto, el “comunismo de guerra” quedó interrumpido ya desde 1919, más o menos. 

Corrigiendo su pensamiento
“Y miren —dijo García Linera— cómo Lenin tiene que estar permanentemente corrigiendo su pensamiento. Ha escrito cuatro años en ‘El Estado y la revolución’ cosas y las tiene que ir rectificando en los siguientes meses. En todo caso, no cabe duda que Lenin es un pensador muy actual, muy actual, muy útil para entender y para movernos”.    
Esta experiencia enseñó que la construcción del socialismo es gradual. El sistema capitalista no desaparece de la noche a la mañana, menos en el campo económico, pues países como la Rusia de comienzos del siglo XX no podían excluirse el mercado internacional como por arte de magia. 
Este conocimiento también es aplicable a Bolivia, donde algunos izquierdista radicales esperaban que con el ascenso del MAS al Gobierno, el país dejara la órbita capitalista, es decir, se aislara del mercado internacional. Algo que no se puede hacer. 
Otra lección aprendida de Lenin es que el socialismo no se construye desde el Estado, sino desde la misma sociedad. 
“El Estado —enfatizó— no crea comunidad. El Estado puede ayudar a que la comunidad, como iniciativa de la sociedad, se expanda. Pero el Estado no crea comunidad. El Estado es monopolio, por muy revolucionario que sea. Es monopolio. Comunidad es libre asociación de productores. ¡Ah! Pero el Estado puede darle una fábrica, sí. El Estado puede ayudar con transporte, sí. Puede ayudar con crédito, sí. Pero la gestión es una acción y un aprendizaje colectivo”. 
Lenin escribió “El Estado y la revolución” en 1917, meses antes de que el partido bolchevique tomara el poder. Pero como se vio, el autor revisó varios de sus conceptos, bajo la premisa de que una cosa es la teoría y otra cosa es cuando ya se está en función de gobierno. 

El Estatismo no es socialismo
Para escribir “El Estado y la Revolución”, el autor tomó las experiencias de la Revolución de 1848 y de la Comuna de París de 1871. Experiencias que, sin embargo, no llegaron a consolidar un Estado socialista. 
García Linera recalcó que: “El estatismo no es socialismo. Ayuda a centralizar, puede mejorar la redistribución de la riqueza, pero no es socialismo, compañero. Si quieres socialismo, impulsa la acción asociada, comunitaria de las personas en la producción, en el comercio, en el transporte, en la agricultura, como acción de la sociedad civil en movimiento y el Estado abriendo camino, mejorando, apoyando, pero nunca creando, el Estado no crea comunidad”. 
Por su parte, el ministro Trigoso resaltó que el “El Estado y la Revolución” es hoy en día un texto fundamental para conocer la problemática del aparato estatal durante un proceso revolucionario. 
Agregó que en “Democracia, Estado, Nación”, García Linera analiza no solo la cuestión del Estado, sino de la democracia para establecer cómo el imperialismo y las clases dominantes entienden la democracia. Cuando en realidad es el pueblo el que profundiza un proceso democrático, tal como está ocurriendo ahora en Bolivia. 
“En anterior oportunidad —recordó Trigoso—, hace cuatro o cinco meses, presentando un libro de la colección del Ministerio, yo señalaba que con toda seguridad, nuestro compañero Vicepresidente de lejos es el mayor y mejor intelectual que Bolivia ha dado en el siglo XXI”. 

Uno de los más grandes intelectuales
Aunque en materia de pensamiento revolucionario, consideró Trigoso, el Vicepresidente es uno de los mejores ejemplos de pensamiento revolucionario. Porque ninguno de los que destacaron en décadas anteriores en este ramo del conocimiento no llegaron a estar en función gubernamental. Mencionó los casos de René Zavaleta Mercado, Sergio Almaraz, Guillermo Lora y Marcelo Quiroga Santa Cruz. 
“Y como yo dije en una oportunidad —añadió Trigoso—: una cosa es a capela, sin guitarra, y bien distinto es con guitarra. Pero qué es lo importante en los revolucionarios: que con guitarra o sin guitarra, el proceso revolucionario (…) se mantenga fiel a las masas oprimidas, se mantenga fiel en la lucha antiimperialista, se mantenga fiel contra el capitalismo. Y que sea una teoría revolucionaria capaz de llevarnos a todos a la liberación”.

 


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