MINISTERIO DE TRABAJO, EMPLEO Y PREVISIÓN SOCIAL


  

El Golpe Cívico-Militar del 19 de agosto de 1971 al servicio de la Embajada norteamericana

Unidad de Comunicación
 
El 27 de abril de 1969 murió el Presidente General René Barrientos Ortuño, su vicepresidente Luis Adolfo Siles Salinas ejerció hasta el 26 de septiembre de 1969 en que las Fuerzas Armadas, mediante golpe de Estado, llevaron al poder al General Alfredo Ovando Candia. En ese tiempo se realizó el 4to. Congreso Nacional de la Central Obrera Boliviana, en mayo de 1970, habiéndose aprobado la Tesis Socialista que proclamaba la necesidad de los trabajadores para construir el gobierno obrero-campesino.
 
El 6 de octubre de 1970 se produjo otro golpe militar, resultando que en las siguientes 24 horas se proclamaron seis generales como presidentes (Alfredo Ovando, Rogelio Miranda, Efraín Guachalla, Fernando Sattori, Alberto Albarracín y Juan José Torres). Finalmente el 7 de octubre en la mañana, con el apoyo de la huelga general decretada por la COB, J.J. Torres asumió la Presidencia.
En todo este proceso revolucionario, complejo de por sí, la COB y los partidos de izquierda organizaron la Asamblea del Pueblo. Unos consideran que se trataba de un órgano de poder (un soviet), otros la ven como una escuela de aprendizaje para el manejo del estado. La Asamblea del Pueblo comenzó a discutir temas como el cogobierno con mayoría de ministros cobistas en el gabinete del Presidente Torres, la cogestión mayoritaria en la estatal Corporación Minera de Bolivia, que manejaba más del 70% de la economía nacional, el cogobierno paritario estudiantil en las universidades autónomas estatales, las vías y  los métodos para la toma del poder y la instauración del gobierno obrero campesino, la organización de las milicias de la COB y el problema del armamento popular, etc.
Las fuerzas reaccionarias identificadas en ese momento como la alianza entre la Embajada norteamericana, militares fascistas, empresarios privados nacionales y transnacionales, la Iglesia Católica, los partidos políticos de la derecha como el Movimiento Nacionalista Revolucionario y la Falange Socialista Boliviana,  grupos religiosos, juveniles y femeninos de Conif, confederación de choferes y transportistas, etc., procedieron a la preparación de uno de los golpes de Estado más sangrientos que vivió Bolivia.
Para nuestro país era un momento fundamental aquel que se vivió en esos momentos. La economía nacional comenzaba a recuperarse después de la crisis de 1969. La década de 1970 se convertiría en un periodo de gran crecimiento económico, debido al alza del precio de las materias primas en general y del petróleo en el mercado mundial,  siendo el valor de este último convertido en exclusividad al dólar, creando una nueva variable monetaria y financiera en la economía mundial. Tan importante fue el boom de los petrodólares que generó la inmensa deuda externa de países como Bolivia. En todo caso, en una economía mundial en alza, Bolivia pudo haberse beneficiado garantizando su desarrollo y mejorando el estándar de vida de su población. Esta posibilidad pudo haber sido manejada por las masas trabajadoras bolivianas.
Pero el golpe cívico militar lo impidió. Al contrario, Bolivia profundizó su carácter de semicolonia respecto a Norteamérica. Toda actividad económica, social, política o militar estuvo controlada y previamente autorizada por la Embajada estadounidense antes de ser ejecutada. Las riquezas naturales renovables y no renovables fluyeron al extranjero mediante las transnacionales, que no dejaron nada en beneficio de nuestro país. Las empresas estatales fueron estranguladas lentamente en su tecnología, reinversión o mercados. 
Así pues el 19 de agosto de 1971 se inició el golpe cívico-militar con Bánzer a la cabeza. Tres días duraron los combates. En Santa Cruz fueron fusilados y asesinados decenas de universitarios y obreros. En La Paz, el pueblo  combatiente fue ametrallado por aviones caza, tanques de asalto y fuerzas militares combinadas con bandas católicas y juveniles que conjuntamente a paramilitares del MNR y FSB sembraron el terror en la población.
Consolidado su triunfo, los golpistas se repartieron su botín. La represión sangrienta continuó con centenares de apresamientos, torturas, confinamientos, exilios, desapariciones forzosas, violaciones masivas a prisioneras, etc.
Siete años duró el régimen cavernario impuesto por la Embajada norteamericana, el empresariado, los militares fascistas y sus cómplices. 
Habiendo vivido tan terrible experiencia, el pueblo boliviano está convencido hoy más que nunca de que es esencial mantener nuestra independencia, soberanía y dignidad. Lo que conseguimos después de décadas de lucha el 18 de diciembre de 2005, con el triunfo electoral aplastante que permitió que el Presidente Evo Morales pueda liderizar nuestra revolución, nuestro proceso de cambio.
No retrocederemos al neoliberalismo cavernario ni a las políticas de saqueo norteamericanas. Las mayorías nacionales defenderemos nuestras riquezas naturales, nuestras empresas y nuestra dignidad. Esta generación hará hasta lo imposible por dejar a nuestros hijos y nietos una patria grande, libre, soberana y digna.   

 


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