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En Boquerón, ordenan refrigerar los cañones con las últimas gotas de agua y aguantar la sed

Unidad de Comunicación
 
El 21 de septiembre de 1932, las tropas bolivianas que permanecen en el fortín Boquerón se enfrentan a un duro problema: refrigerar los cañones de repuesto con la poca agua y orines, o calmar la sed de soldados; optan por refrigerar cañones y soldados deben aguantar la sed.
 
El relato sobre este pasaje de la historia indica: “surge un nuevo problema para los Comandantes de Pieza. Por el calor sofocante y el empleo continuo, las ametralladoras se ponen incandescentes y se niegan a funcionar. Falta agua para refrigerar los cañones de repuesto”.
“La poca cantidad de agua de que disponen no la pueden beber, pues les está estrictamente prohibido. Deben ceder para el enfriamiento de las automáticas, las gotas con que podrían humedecer sus gargantas torturadas por la fiebre. En algunos sectores se obliga a los soldados a juntar orines para dicho enfriamiento”.
Pese a esta situación difícil  “Boquerón cumple la misión táctica y estratégica que sus defensores se han impuesto; contener el ímpetu de agresión masiva del enemigo, anulando su iniciativa de ataque, inmovilizándolo”. “Aquí está el soldado boliviano, como jaguar en la selva, dispuesto a no ceder un palmo de nuestro patrimonio al invasor”, deciden las tropas.
De los 15.000 hombres que Paraguay puso en tres meses frente a las trincheras bolivianas, cayeron  7.000 soldados que no podrán levantarse más, sólo quedan otros 7.000.
Ese mismo 21 de septiembre salió la fracción del Tcnl. Montalvo  y éste informa a los superiores que en el Fortín Boquerón hay pocos víveres, al punto que se vieron obligados a matar un mulo para comer.  La situación sin embargo no conmueve y no ordenan la salida.
El 21 de septiembre obra en poder del Cmdo. del I.C.E. la siguiente pieza documental, en la que los jefes más caracterizados de las tropas actuantes en Boquerón y aledaños, certifican las condiciones deplorables y desesperadas a que se hallaba abocada la febricitante y  paupérrima guarnición.
  Encima de todo no llegó el refuerzo anunciado, según admite el propio coronel Peña, mediante comunicación que dice así “a) que Boquerón no podía sostenerse más de dos días; y b) que “dependía del espíritu ofensivo con que el Paraguay emprendiese sus operaciones después de la toma de ese fortín, la eficacia de las nuestras con un esfuerzo anunciado de 1.500 hombres, que nunca llegó”.
Fuentes: Masamaclay de Roberto Querejazu Calvo, Boqueron, Diario de Campaña Mayor de Alberto Taborga. La Guerra del Chaco de Aquiles Vergara Vicuña.
 


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