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Proclama pide “10 días más de inquebrantable resistencia”; pero la munición se ha agotado

Unidad de Comunicación
 
El 28 de septiembre de 1932, los generales Montes y Osorio volaron sobre Boquerón y lanzaron una proclama a los sitiados: “... Diez días más de inquebrantable resistencia y la victoria será nuestra. Habéis escrito la página de oro de la historia patria”.
 
Durante todo ese día la presión paraguaya fue intensa. El teniente coronel Estigarribia cuenta en sus Memorias que los regimientos Itororó y Boquerón otra vez “rompieron la línea boliviana con cargas a la bayoneta y al final de la jornada llegaron al pie de la última línea de trincheras”. Las otras unidades, en sus respectivos frentes, también lograron acercarse hasta pocos metros de los defensores. El fuego de los bolivianos había sido siempre mortífero, pero menos intenso. El anillo de hierro estaba próximo a estrangular los últimos estertores de la defensa.
El teniente coronel Marzana reunió a sus oficiales para hacerles conocer el mensaje lanzado por el general Osorio. Los oficiales rodearon a su jefe en el estrecho agujero techado de troncos que le servía de refugio. Sus rostros mostraban la huella dejada por 19 días y 19 noches de constante tensión nerviosa y la escasez de alimentación y agua. Algunos estaban al límite de sus fuerzas. Horas antes, el subteniente Inofuentes se había desvanecido al recorrer las trincheras de Punta Brava repartiendo los cigarrillos lanzados junto con la proclama. Faltaban varios. La ausencia más sentida era la del capitán Tomás Manchego, uno de los puntales de la resistencia. 
El mensaje de los generales fue leído a todos. Era la tercera vez que se pedía “unos días más”, pero las circunstancias habían empeorado hasta el extremo porque la mayoría de los paquetes caía, fuera del reducto y la munición, que era lo que más necesitaban, se inutilizaba con el golpe. Se podría tratar de sobrevivir unos días más, ¿pero que se podía hacer sin munición? El problema era de los heridos  porque sus camaradas agonizaban sin un solo medicamento que aliviase sus dolores y su fiebre, entre moscas y la putrefacción de sus propias heridas. Lo que pedía el comando supremo era irrealizable. El comando no sabía que la munición estaba agotada y que las tropas paraguayas se hallaban a pocos metros de las trincheras. No habría con que detenerlas al día siguiente, cuando reanudasen sus ataques. La caída del fortín era inminente. Empero, no cabía una rendición. Los 20 días de lucha, la expectativa de todo el país, el sacrificio de Ustarez, Manchego, Rivero, Cuéllar, Guzmán, Reynolds, Callisaya, Rodríguez y tantos otros, no podía tener por epílogo una rendición. Existía una sola alternativa. Pedir al jefe enemigo una capitulación con honor o perder Boquerón en la punta de las bayonetas.
Se acordó que al amanecer del día siguiente saldrían dos oficiales como parlamentarios para solicitar una entrevista del teniente coronel Marzana con el comandante enemigo. El teniente coronel Marzana trataría de negociar la entrega del fortín a cambio de que se le permitiese retirarse con sus hombres hacia Yujra, incluyendo los heridos. En caso de no aceptar el jefe enemigo una capitulación honrosa, a la vuelta del teniente coronel Marzana se adoptarían las medidas para decidir la suerte de la guarnición detrás de las bayonetas, por mucho que el resultado podía adelantarse dada la enorme superioridad numérica del adversario.

Fuentes: Masamaclay de Roberto Querejazu Calvo, Boqueron, Diario de Campaña del Mayor Alberto Taborga. La Guerra del Chaco de Aquiles Vergara Vicuña.

 


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