MINISTERIO DE TRABAJO, EMPLEO Y PREVISIÓN SOCIAL


  

El 21 de diciembre de 1942, el Gobierno de Peñaranda masacró a los mineros de Catavi, cuando éstos reclamaban mejoras salariales

Unidad de Comunicación
 
El 21 de diciembre de 1942, el Ejército enviado por el Gobierno de Enrique Peñaranda disparó en dos oportunidades a mansalva sobre esposas de mineros, primero, y después sobre 8.000 mineros que marchaban hacia Catavi para solicitar un arreglo pacífico a un conflicto laboral. El saldo real de muertos y heridos no se conoció, porque el Gobierno de Peñaranda se encargó de ocultar las pruebas; pero se estimó un saldo de 20 muertos y 50 heridos.
 
Mediante Ley de 18 de diciembre de 1944, el gobierno de Gualberto Villarroel declaró el 21 de Diciembre “Día del Trabajador Minero Boliviano”, en homenaje a los caídos en la Masacre de Catavi. 
Agustín Barcelli, autor de Medio Siglo de Luchas Sindicales en Bolivia, relata el contexto y los pormenores de ese hecho de sangre. 
“El 30 de septiembre de 1942, los obreros del Sindicato de Oficios Varios de Catavi presentaron un pliego exigiendo un aumento de los salarios y sueldos. Conforme a lo afirmado en ese pliego, los sueldos en Catavi fluctuaban entre Bs 24 160 Contexto internacional a Bs 35, los hombres, y entre Bs 13,21 a Bs 15.00 los de las mujeres. Los obreros exigían un alza de los mismos que iban de 20, 40, 50 a 60% según las categorías. 
Para dar largas al asunto, la empresa resolvió consultar el aumento a Nueva York. Y recién el 16 de noviembre, el Ministerio del Trabajo se decidió a intervenir calculando ya próxima a llegar la respuesta. Llamó a las partes -obreros y empresa- a una reunión de avenimiento, pero si los obreros acudieron a la cita la empresa se dio el lujo de no asistir sin explicación alguna. Sólo el día 27 llegó la respuesta de la empresa a la nota girada el 16 por el Ministerio, simulando ignorar que el plazo fijado por la ley para tal medida es de sólo 48 horas. Entre tanto, el gobierno se negaba a recibir a una delegación de obreros “apolíticos” que se habían hecho presentes en La Paz en representación de los sindicatos mineros. 
Al mismo tiempo la empresa utilizaba los servicios de los piristas para quebrar la unidad obrera. Éstos llegaron a jactarse en forma pública y oficial de haber impuesto “la huelga de brazos caídos en Potosí y Huanuni en lugar de la huelga activa acordada por las asambleas de esos sindicatos”. Con ello lograban aislar el movimiento de Catavi permitiendo al gobierno llevar a efecto su política represiva. Conseguido este primer objetivo, el gobierno procede a movilizar tropas del ejército y carabineros hacia el distrito perturbado. Catavi, Siglo XX y Llallagua se transforman en verdaderos campamentos militares bajo el mando supremo del coronel Cuenca. 
Tomada ya sus posiciones el gobierno decide poner en manos del Ejército la solución del conflicto, pretextando que encontrándose el país en guerra con las potencias del Eje, la producción quedaba sometido al control y resguardo de las fuerzas armadas. A continuación, notificó a los trabajadores que la huelga era inadmisible en tales circunstancias y que de hecho quedaban sometidos a la jurisdicción militar. 
El Ministro de Gobierno envió un telegrama al coronel Cuenca en el que le hace saber que la huelga es ilegal, que se trata de una manifestación de sabotaje contra la producción minera para las Potencias Unidas y, finalmente, le indica que en último caso imponga la represión enérgica, pues se trataría de una huelga provocada por los nazifascistas. 
El día 13 de diciembre una manifestación pacífica de obreros es disuelta a balazos por la Policía y el Ejército, cayendo las primeras víctimas obreras. El motivo de la manifestación no era otro que protestar por la detención de algunos dirigentes mineros. Los días comprendidos entre el 15 y el 21 transcurren sin incidentes de importancia. Esos días son aprovechados por los obreros para ganar el apoyo de todos los trabajadores del país. El gobierno comprendiendo los peligros que tiene para él una huelga general se decide a apresurar el desenlace. En las primeras horas del día 21 de diciembre se producen choques violentos entre los huelguistas y la tropa, que no vacila en hacer uso de sus armas tirando a matar. A 35 muertos alcanzó el número de las primeras víctimas provocadas por la acción criminal del Ejército, que se negaba a dejar salir a las mujeres que deseaban dirigirse a las pulperías a comprar alimentos. Horas más tarde se producía la masacre inaudita.
 Cerca de ocho mil personas, entre las que se contaban mujeres y niños, decidieron hacerse presentes en masa en Catavi, portando una bandera boliviana a fin de exigir un arreglo pacífico del conflicto. La multitud fue sorprendida a mitad del camino por el fuego de ametralladoras y fusilería de la tropa emboscada. 
He aquí como relata Martín Kyne representante del Congreso of Industrial Organitacions (CIO) el desarrollo de los acontecimientos: “A las diez horas los soldados abrieron fuego contra la multitud y continuaron haciéndolo hasta las tres de la tarde. Había alrededor de ocho mil personas en la multitud sobre la que disparaban los soldados. Las tropas usaron un mortero de campaña, ametralladoras y rifles. No había refugio posible para las ocho mil personas de la multitud. No se informó de un solo soldado herido o muerto durante esta acción. Los militares tomaron medidas para impedir cualquier investigación de los hechos”.

 


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