MINISTERIO DE TRABAJO, EMPLEO Y PREVISIÓN SOCIAL


  

Las ONGs están en comunión con la estrategia imperialista de desestibilización y golpes suaves

Ministerio de Trabajo
 
El ex presidente, Carlos de Mesa, ha manifestado su solidaridad con las ONGs “Por el pluralismo y la libertad de pensamiento” en el marco de una polémica sobre el rol de estas instituciones dentro del país. En su defensa, el CEDIB ha manifestado que es un organismo “apartidario” y el CEDLA ha señalado que el gobierno ha reaccionado así porque se ha puesto en evidencia la contradicción que existe entre la “retórica” gubernamental con la realidad económica, los derechos de los pueblos indígenas, la explotación petrolera y las políticas de agroextractivismo y agronegocio en el país.
 
Si analizamos las Organizaciones No Gubernamentales, existen ONGs “para todos los gustos”, además como cualquier organismo social, tienen en su haber virtudes y vicios cuya clarificación, no sólo depende del cristal con que se mira, sino también de la transparencia para mostrar sus acciones, objetivos y financiamiento con la que funcionan, además del momento histórico y de la esencia política de sus acciones. 
No debemos olvidar que durante el desarrollo del modelo neoliberal hace dos décadas, que implicaba la política de “menos Estado” y mayor participación de la “sociedad civil”, las ONGs recibieron un impulso estatal que las hicieron crecer como hongos y como instrumentos para desestructurar o destruir al Estado. Siendo bienintencionados, podemos decir que se constituyeron en portavoces de las necesidades y demandas de la sociedad civil en reemplazo de los organismos naturales de representación, que entonces eran víctimas de una ofensiva estatal de destrucción o debilitamiento, como fue el caso de la COB y de los sindicatos. Las ONGs fueron las que pretendieron asumir las funciones sociales que el Estado fue abandonando paulatinamente; pero en las condiciones del actual Estado Plurinacional muchas de estas organizaciones ya no tienen razón de existir, porque el Estado, a través del gobierno, desarrolla toda una estrategia para que el Estado no sólo tenga presencia estatal territorial sino también en la atención de las demandas sociales en sectores tan olvidados como las naciones originarias, como ocurre en el TIPNIS.
Por ello, muchas ONGs están buscando “maneras de existir”. No nos referimos al uso discrecional o no de los recursos económicos, que como dijimos antes esto tiene que ver con las transparencia de cada institución, sino a la necesidad de justificar su propia existencia en condiciones en que los movimientos sociales, en las actuales condiciones históricas, no necesitan sustitutos en su representación y, mucho menos, cuando ahora tienen una adecuada interacción estatal para gestionar sus demandas; seguro que hay cortos circuitos en esta relación,  ello es el defecto, pero no la norma.
En la actuación de las ONGs, no se puede argumentar una posición apolítica, está en la conciencia de quienes dirigen estas organizaciones y en la naturaleza de las mismas que sus objetivos son políticos, ya sea cuando canalizan o reclaman al gobierno la atención a distintas demandas sociales o la modificación de las políticas públicas. Pero no sólo son apolíticas, tampoco son “apartidarias”, ya que en el buen sentido “hacer política” significa “tomar partido” a favor o en contra de algo, y “tomar partido” no significa necesariamente tener militancia en un partido político. Por ejemplo, durante la implementación del modelo neoliberal en el país, la USAID financiaba distintos proyectos y programas a través de ONGs para consolidar dicho proyecto político, por tanto, respaldando (tomando partido) los planes económicos y políticos de los gobiernos neoliberales de entonces. Por el contrario, durante el Gobierno de Evo Morales, la actuación de la USAID, con chapa de ONG, asume una actuación conspiradora financiado acciones de desestabilización política que le valió la expulsión del país. Esta danza de millones de dólares fueron entregados, no sólo en el país, sino también en Latinoamérica para financiar a grupos opositores en el plan de desestabilización; dicha actuación es política y partidaria, porque es a favor de los intereses imperialistas y en contra de los gobiernos soberanos de la Patria Grande.
Por tanto, la conducta de las ONGs tiene un alto contenido político  que está con relación a los objetivos de quienes son los financiadores, que supone un condicionamiento ineludible para acceder a los fondos económicos que ofrecen. Desde las ONGs vinculadas a USAID, IBIS y otros similares, ponen su acento en hacer “cumplir” los derechos civiles y políticos, que les lleva a tildar al gobierno de antidemocrático y autoritario, desarrollando, directa o indirectamente, la estrategia imperialista de desestabilización.
Desde la izquierda de las ONGs, en un afán de sobrevivencia de ciertas tendencias infantilistas, tienen objetivos vinculados a los derechos sociales, indígenas, de salud, ambientales y otros. Sin embargo, en la situación de la crisis mundial, donde la mayoría de los economistas están anunciando una gran depresión y bancarrota económica; cuando en China existe una desaceleración económica, en EE.UU. está en el pórtico de una Gran Depresión y en los denominados países emergentes (BRICs) existe una paralización, denuncian el “modelo extractivista”,  plantean el derecho de los indígenas a una especie de “soberanía” territorial a través de los procesos de consulta, reivindican los “derechos de la madre tierra” bajo el enfoque imperialista de la “revolución verde”, etc. Pero, en este afán cometen un grave error, al promover y agudizar las contradicciones de sectores sociales o indígenas con el Gobierno Central, al no tener un proyecto político propio y actuar más por protagonismo, lo que hacen es aportar agua al molino de la derecha y desarrollar una estrategia ajena. Ya no se trata de la lucha frontal contra el capitalismo para construir el socialismo, ahora utilizan el discurso de salvar el planeta, la vida humana… y plantean que el gobierno no debe desarrollar procesos productivos que afecten al medio ambiente. Sin embargo, esta línea de acción, no daña en absoluto al sistema capitalista, su acción no mella al capital, en la realidad afecta a las políticas económicas del gobierno, porque la paralización productiva de estos sectores, ya gravemente dañadas por la crisis mundial, significa que el gobierno no podría resolver las necesidades y problemas socio – económicos del país. Lo que supone facilitar la tarea del imperialismo para sus planes de desestabilización del gobierno y del proceso de cambio. Por ello, la falta de brújula les lleva a una comunión con la estrategia imperialista de desestabilización y golpes suaves que aplica en América latina, la versión sofisticada del “Plan Cóndor”.

 


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