Las amas de casa mineras reunidas en un ciclo de capacitación en Tupiza, en el departamento de Potosí, expresaron que Domitila Barrios de Chungara dejó un legado de lucha para defender la democracia y luchar contra el sistema imperialista que oprime a las mujeres y a los hombres de distintas formas.

A esta conclusión llegó el grupo compuesto por 70 amas de casa mineras de los distritos mineros de Potosí, principalmente de Porco, San Cristóbal y Caracota, quienes luego de las exposiciones de Anahí Alurralde, del Área de Género de la Unidad de Derechos Fundamentales, debatió en grupos sobre la experiencia que protagonizó Domitila Barrios, junto a otras mujeres mineras en momentos difíciles para el país.
En la jornada del 16 de mayo hablaron de ella luego de la exposición del tema: “El papel histórico de las mujeres en tiempos de dictadura”, “La capacidad movilizadora de Domitila Barrios de Chungara, su historia y legado”. La capacitación se desarrolló en el restaurante “El fogón”, en Tupiza.
Agregaron que la lucha de Domitila Barrios les inspira a enfrentar la lucha, en estos tiempos, contra la opresión, comprendiendo que aún falta desmontar el sistema que oprime y hace falta enfrentarlo de manera estructural. En los grupos de trabajo identificaron cuáles son las características de esa opresión capitalista, patriarcal y colonial.
En diciembre de 1977, en un escenario político caracterizado por la persecución, despidos de los mineros, exilio de dirigentes sindicales, desabastecimiento de pulperías, y lo que es peor, con las libertades sindicales proscritas, Nelly de Paniagua, Aurora de Lora, Angélica de Flores y Luzmila de Pimentel, junto a sus hijos, instalaron la huelga de hambre en el Arzobispado de La Paz, y en el periódico Presencia, exigiendo amnistía general e irrestricta, reposición de su trabajo a todos los obreros despedidos, vigencia de las organizaciones sindicales, retiro del ejército de los campamentos mineros.
Este puñado de mujeres encendió la mecha de una lucha que se prolongó hasta enero de 1978, las amas de casa mineras habían agotado sus esfuerzos para hallar una solución para sus familiares, y contra todo consejo político, asumieron la extrema medida de la huelga de hambre. La medida se masificó y hasta el 23 de enero, el número de ayunadores llegó a 2.000 personas en todo el país. El dictador cedió, y recién dejaron los piquetes.
Anahí Alurralde explicó que en la segunda jornada de trabajo con las mujeres organizadas en el Comité Nacional de Amas de Casa Mineras de Bolivia (CONACMIN) también se analizó “La despatriarcalización dentro de los hogares mineros” y “El rol actual del sector de las amas de casa en la historia del país”.

 

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